De acuerdo al censo del INEGI (2020), México registró 90,224,559 habitantes que profesan la religión católica, de los cuáles 15,518,607 católicos corresponden a adolescentes de entre 20 a 29 años de edad, lo cuál nos indica un 75.9 % del total de la población, ¿se imaginan el impacto de estos jóvenes con la religión en la familia?

Sin meternos en algún debate, podemos decir que la religión católica incluye a todo tipo de participantes, desde niños hasta mayores de edad. Y es de sorprenderse que el mayor grupo de creyentes se encuentre en un rango de 15 a 45 años. Nosotros en Grupo Pastoral de Adolescentes buscamos crecer la fe en los adolescentes, partiendo por nuestra comunidad de Cuajimalpa.

Continuando con el tema principal, la religión en familia se disfruta más, y es que se tiene la confianza y apoyo para realizar las actividades que implica participar en el catolicismo. Aunque bien, se están perdiendo muchas costumbres al respecto, aún vemos a nietos acompañando a sus abuelos a las misas de la mañana, o bien, vemos a la familia involucrada en pláticas de comunión, confirmación o para sus XV años.

En Cuajimalpa celebramos todo y hacemos fiesta por todo, pero nunca faltará la misa para agradecer cada festividad e iniciar con la bendición y palabra de Dios. La familia siempre se reúne y celebra en conjunto. Y así se vive en cada hogar. La religión nos une en un sentido de amor y bienestar, donde se respetan las ideas de cada uno y hasta se acompaña a llevarlas a cabo; y es que la religión respeta valores cotidianos, como la igualdad y honestidad.

Al sentirnos amados por igual por Dios, sabemos que no hay diferencias de género, así tanto hijos, como hijas se sienten identificados con la palabra de Dios y la comparten con los demás. Tanto padres, como madres tienen la tarea de educar a sus hijos bajo las leyes de la sociedad, y viviendo en una comunión con Dios, se tiene también la convicción de vivir bajo las leyes de Dios, que no son más que los mandamientos y sacramentos que nos dicta su palabra.

Religión en la familia
La religión en la familia rompe fronteras

Si todos aplicamos estos mandamientos viviríamos en una sociedad más unida y con menos maldad. Y esto se dice fácil, pero es cierto. Al aplicar los mandamientos de “No mentirás”, “No robarás”, “No matarás”, viviríamos en honestidad con los nuestros. Y esto lo podemos empezar desde la familia, no lastimando a los nuestros (ni física, emocional o espiritualmente), ayudándonos unos a otros y procurando siempre a nuestros más cercanos.

La religión en la familia rompe fronteras y crea nuevas comunidades, enseña valores y promueve la participación de todos. Sin caer en un fanatismo o en una imposición, cada uno puede aportar con poquito de lo que tenemos y crecer espiritualmente. Así podríamos generar mayor empatía con nuestros padres, hijos o hermanos.

Los invitamos a acercarse a Dios en un ambiente de fe y amor, enseñemos a los menores a creer y alejarse del pecado. Fomentemos en familia actividades cotidianas para crecer nuestra fe, ya sea rezar por las noches, dar gracias por un nuevo día, asistir a misa, leer alguna oración o compartir lo aprendido con nuestros amigos.

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